Alguna vez me hablaron de Dinamarca antes de instalarme aquí como esa “perfecta repelente”, lo que me hace recordar la frase que una vez me dijo un amigo sobre un tercero que no mencionaremos: “es tan de buen rollo, que te pone de mal rollo”. Pues eso, pareciera que las bondades fueran buenas, pero en su justa medida, acompañadas por dosis más o menos fuertes de imperfección.
Yo desde un principio no he sentido esa tirria por la perfección de mi nueva ciudad. Pero claro, tampoco suelo ser de las que ven un tío buenísimo y dicen: “es demasiado guapo”. ¿Se puede ser demasiado guapo? O del rollo de “a mí me gustan los cabrones”. ¿De verdad te gusta que te puteen? A mí me encanta el buen rollo, la guapura y los mimos, igual soy yo la rara, qué sé yo…Y con las ciudades…pues mira, acabo de caer en que también me gustan las ciudades perfectas. Me gusta el diseño danés, aunque por su culpa me robaran el bolso en esperpéntica situación; sí, reconozco que ese suceso me hizo enfadarme con el perfecto país, digamos que me decepcionó, tu amiga la perfecta suspende un examen y tú dices: "claro, a todo el mundo le puede pasar"; ¡pero no, en Copenhague no te pueden robar! Claro, que la excusa es -también- perfecta: “se robaban 55 sillas Jacobsen de incalculable valor, no su mierda de bolso, señorita, pero si lo pone ahí, pues claro, los ladrones son ladrones aquí y en China…”.
Después de eso, hace casi un mes, todo ha sucedido a una velocidad de vértigo: me fui rápido a casa por mini-Navidad, volví rápido a mi segunda casa a por la segunda fase de la Navidad, estuvimos rápido por aquí y rápido nos fuimos a Berlín. Me impactó Berlín: sus calles sucias, asquerosas, pintarrajeadas, ese metro andrajoso y ese pulso de vida, ciudad manoseada, trabajada, usada…la antítesis de mi ciudad de cuento y sus canales de colorines sin ningún graffiti ni chicles en el suelo ni hablemos de colillas. Ni vidilla...; sí, reconozco que con mi cabreo del robo caí en el tópico de insultar a mi ciudad por guapa, con el argumento más sencillo que tenía: le falta trajín. Estaba feliz con tanto decorado underground, pero claro, eso no tenía que incluir la inmensa capa de hielo negro y contaminado que día tras día se pegaba más a las aceras, haciendo imposible caminar. ¿O sí? Si no se barre el suelo, ¿cómo pretender que se limpie el hielo como en Guapurilandia? Pues no. Y el caso es que no vengo del Caribe, por lo que no se puede decir que no esté acostumbrada, ni equipada, para el invierno alemán. Pero en mi perfecta ciudad sigo cogiendo la bici los días de mayores nevadas, porque carriles y calles son limpiadas constantemente. Llovía en Berlín ese día y la salida de aquel maravilloso bar fue una trampa insalvable para mi tobillo. Lo demás son horas de hospital, mil diagnósticos y una vuelta a casa casi casi en ovni...ya en el aeropuerto empecé a hermanarme con mi perfecto y frío país: el despliegue de medios fue impactante. Los médicos del día siguiente, la pulcritud de todo por aquí…he tenido que romperme un pie para reconciliarme con Dinamarca, y sí, aquí en casa, en mi preciosa y acogedora casa, con la vida tranquila que por fin he conseguido tener, me doy cuenta de que debe ser que me voy haciendo mayor, no sólo porque ya sólo beba Hendricks de pepino, como me dice mi amigo Juan, sino porque, señores, cada vez valoro más la perfección, el desarrollo y el que las cosas funcionen. Y cuando ves que una ciudad y un país entero funcionan (país que en total tiene tanta gente como mi ruidosa Madrid solamente, claro), te da un gusto infinito vivir aquí y que todo sea tan fácil y tan perfecto. Y de la vidilla ya me encargo yo, que si somos tan latinos, sabremos ponerla allí donde vamos, ¿o no?
Muy chulo lo comentado....y verdad lo de las bicis, la limpieza, la perfección....pero también te aseguro que el bolso no lo robó un danés, porque ellos las reglas las ponen para cumplirlas. disfrútalo mucho!!!
ResponderEliminarComo decirlo... I really get you, sister! From perfection through Hendricks to make your own vidilla.
ResponderEliminarPonte buena pronto!
Lester